Problemas de pareja por hijos no comunes

Problemas de pareja por hijos no comunes

La crianza de los hijos representa siempre un desafío para una pareja. Cada uno tiene una personalidad, una manera de relacionarse con sus propios hijos y unos criterios sobre la manera de educarlos. Pero estas desavenencias, en ocasiones muy conflictivas, pueden escalar más aún cuando los hijos no son comunes. ¿El motivo? La mayor complejidad de la ecuación familiar. Esta convivencia genera el encuentro y desencuentro entre distintos modelos familiares y diferentes tipos de vínculo. La forma en la que tanto unos como otros son percibidos suele generar desequilibrios y muchas situaciones de conflicto con hijastros. Veámoslo todo más detalladamente.

Cómo afectan los hijos ajenos en una relación

En principio, la presencia de hijos ajenos en una relación no tiene por qué ser conflictiva. De hecho, para algunas parejas y algunos hijos mejora la situación familiar previa. Pero sí es cierto que a menudo representa una dificultad añadida. En los peores casos, cuando no se comparte la idea acerca del papel que cada cual debe jugar en la familia y en la relación sentimental, los conflictos pueden estallar y hacer saltar en pedazos tanto una como otra. Por eso es tan sumamente importante intervenir con prontitud. El desgaste de los conflictos predisponen a nuevos y más conflictos. Cuanto más corto y menos recurrente sea la situación conflictiva, mejor para todos.

Conflictos más comunes derivados de los hijos de la pareja

Como hemos apuntado antes, parte de la problemática de las parejas con hijos no comunes es la falta de acuerdo sobre el rol que tanto los padres no biológicos como los hijos no biológicos tendrán en la relación. En ese sentido, el método de intervención más eficiente es el diálogo, un canal para la confrontación diplomática de perspectivas, motivaciones y expectativas. Cuando las personas implicadas no consiguen generar esta vía, la presencia de un especialista en resolución de conflictos garantizará que esta confrontación sea constructiva y amistosa, ingredientes fundamentales para sentar las bases de unas relaciones pacíficas y asegurar su continuidad.

Rechazo por parte de los niños

Esta es una de las fuentes de problemas de pareja por hijos no comunes más habituales. Los niños, por diferentes razones, pueden rechazar en parte o completamente la figura del padrastro o de la madrasta. Unas veces con distancia y frialdad. Otras, con pasivo-agresividad. Y otras, directamente con agresividad e incluso violencia. Muchas parejas sufren las consecuencias tóxicas de este efecto de los hijos ajenos en su relación, ya sea con tristeza y frustración o con indignación y enfado.

Rechazo por parte de los niños

Prioridades y tiempo de pareja

Otra de las fuentes de conflictos entre parejas con hijos no comunes es el reparto del tiempo y de la atención. Las expectativas sobre el tiempo que cada uno espera compartir en familia o en pareja juegan en estos conflictos un papel muy importante. Las opciones posibles son tantas como familias, la cuestión no está en decidir la correcta, pues todas pueden serlo, sino en decidirla consensuadamente, por lo que ambos miembros de la pareja tendrán que negociar y no imponer su criterio personal.

Discrepancias en el ejercicio de la parentalidad

Por último, otro problema muy frecuente en este tipo de relaciones son las discrepancias acerca de cómo ejercer la responsabilidad parental. Estas desavenencias tienen lugar en todas las relaciones con hijos, pero en el caso de hijos no comunes hay un punto de conflicto añadido: los distintos planos de autoridad entre los miembros de la pareja. En la mayoría de las ocasiones, ni la madre biológica, ni el padre biológico, ni el hijo biológico reconocen la misma autoridad a efectos de crianza al progenitor o hijo que no lo es.

Consejos para solucionar los conflictos de pareja con hijastros

Comunicación, comunicación, comunicación. Negociación, negociación y negociación. Es muy importante que todas las partes pueden expresar sus necesidades, motivaciones y expectativas respecto a la familia al completo y respecto a la relación con cada uno de sus miembros. Pero no solo expresarlas, sino también escucharlas activa y respetuosamente, aunque no se esté de acuerdo. No hay más truco para prevenir y resolver las disputas que puedan surgir. Cuando por el motivo que sea (conflictos arrastrados de muy atrás, posiciones frontalmente enfrentadas, caracteres opuestos, malas experiencias previas, fuertes emociones negativas,…), no se pueda hablar o entenderse, siempre y afortunadamente, está la opción de consultar con un experto en resolución de conflictos.

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